Miércoles 09/09/2026
FOTO: Katarina Wolnik Vera
Texto: Alejandra Misiolek con colaboración con Daniella Espidel
Las redes sociales no causan por sí solas un trastorno de la conducta alimentaria, pero sí pueden convertirse en un entorno que intensifica la comparación corporal, la ansiedad por la apariencia y ciertas conductas de control con la comida o el ejercicio. Entender cómo funciona este proceso ayuda a recuperar criterio, cuidado y libertad
Más allá de la delgadez: la complejidad invisible de los trastornos alimentarios
Durante mucho tiempo se habló de los trastornos de la conducta alimentaria como si fueran un problema relacionado únicamente con “querer adelgazar”. Hoy sabemos que la realidad es mucho más compleja. La comida, el cuerpo y la autoestima se entrelazan con emociones, relaciones, historia personal, ansiedad, perfeccionismo y también con el entorno digital en el que vivimos.
En consulta, muchas personas no dicen “quiero tener un TCA”. Dicen: “quiero comer mejor”, “quiero sentirme más sana”, “quiero verme más definida”, “quiero dejar de compararme”, “quiero tener fuerza de voluntad”. El problema aparece cuando esas metas, aparentemente saludables, empiezan a ocupar demasiado espacio mental. Cuando cada comida se convierte en una evaluación. Cuando el cuerpo se transforma en un proyecto que nunca termina.
Este fenómeno no solo afecta a las mujeres; cada vez más chicos y hombres quedan atrapados en una versión distinta del mismo problema. En lugar de buscar únicamente la delgadez, persiguen la definición, el volumen muscular o un cuerpo «seco», fuerte y perfecto. En este contexto, el gimnasio, los suplementos, las dietas hipercontroladas y la comparación constante con cuerpos fitness se convierten en parte de un circuito de ansiedad. La salud deja de sentirse como bienestar y empieza a vivirse como una obligación.
El impacto de las redes sociales: la trampa de la cultura del control
Las redes sociales no inventaron la insatisfacción corporal, pero han cambiado su intensidad y su frecuencia. Antes, una persona podía compararse con modelos, revistas o anuncios. Hoy la comparación vive en el bolsillo, aparece a cualquier hora y se presenta como vida cotidiana: desayunos perfectos, cuerpos entrenados, rutinas de gimnasio, transformaciones “antes y después”, consejos nutricionales, vídeos de “lo que como en un día” y mensajes que mezclan bienestar con control.
La investigación reciente sobre redes sociales, imagen corporal y alimentación alterada apunta a una idea importante: no importa solo cuánto tiempo pasamos conectados, sino **qué tipo de contenido consumimos y cómo nos relacionamos con él**. Ver repetidamente cuerpos idealizados, rutinas extremas o mensajes rígidos sobre comida puede aumentar la comparación social y la vigilancia corporal. Y cuando una persona ya tiene vulnerabilidad —ansiedad, baja autoestima, perfeccionismo, historia de burlas o malestar corporal— ese contenido puede actuar como combustible.
Un punto especialmente delicado es que muchos mensajes problemáticos no parecen problemáticos al principio. No dicen “deja de comer”. Dicen “sé disciplinada”, “elimina toxinas”, “no pongas excusas”, “gana control”, “come limpio”, “transforma tu cuerpo”. Este lenguaje puede sonar motivador, pero también puede reforzar culpa, miedo a ciertos alimentos y la idea de que el valor personal depende de controlar el cuerpo.
Estrategias de autocuidado: cómo proteger tu bienestar mental y corporal
No se trata de demonizar las redes sociales, ya que para muchas personas también son una fuente de comunidad, información y apoyo. La pregunta clave no es «¿debo usar redes sociales o no?», sino: ¿cómo me siento después de consumir este contenido? ¿Me inspira o me deja en deuda conmigo? ¿Me ayuda a cuidarme o me empuja a castigarme? ¿Me conecta con mi cuerpo o me convierte en un observador externo de mi apariencia?
Para responder a esto, resulta muy útil aplicar las siguientes estrategias:
- Revisar el impacto emocional: Observa si tras ver ciertas publicaciones aparecen pensamientos como «debería cambiar mi cuerpo», «he comido mal», «no soy suficiente», «mañana compenso» o «tengo que entrenar aunque esté agotada». Si una cuenta activa repetidamente la culpa, la comparación o la rigidez, no es una cuenta de salud: es un contenido que aumenta tu vulnerabilidad.
- Diversificar lo que ves: Seguir cuerpos diversos, profesionales rigurosos y cuentas que hablen de descanso, placer, flexibilidad, salud mental y alimentación suficiente ayuda a reeducar la mirada. Lo que vemos cada día moldea nuestro deseo, nuestra autoimagen y nuestro umbral de normalidad.
- Redefinir la recuperación: Sanar no empieza cuando «te ves bien». Empieza cuando puedes comer con libertad, moverte sin buscar un castigo, descansar sin culpa y habitar tu cuerpo como un hogar, no como un escaparate. El cuerpo no necesita ser perfecto para merecer cuidado.
Si sientes que la comida, el ejercicio o la imagen corporal están ocupando demasiado espacio en tu día, pedir ayuda no significa exagerar. Significa escuchar una señal temprana. Los TCA no aparecen de golpe: se construyen lentamente, normalizados por una cultura que aplaude el exceso de control. Detectarlo a tiempo es la mejor forma de protección.
Ideas clave para cerrar
- No todo contenido “healthy” es saludable para tu salud mental.
- El problema no es solo el tiempo en redes, sino la comparación y el tipo de ideal corporal que consumimos.
- La rigidez con comida, cuerpo o ejercicio puede presentarse como disciplina.
- Cuidarte también incluye elegir qué contenido entra en tu mente cada día.
Referencias:
- Bonfanti, R. C., Melchiori, F., Teti, A., Albano, G., Raffard, S., Rodgers, R., & Lo Coco, G. (2025). The association between social comparison in social media, body image concerns and eating disorder symptoms: A systematic review and meta-analysis. Body image, 52, 101841. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2024.101841
- Dahlgren, C. L., Sundgot-Borgen, C., Kvalem, I. L., Wennersberg, A. L., & Wisting, L. (2024). Further evidence of the association between social media use, eating disorder pathology and appearance ideals and pressure: a cross-sectional study in Norwegian adolescents. Journal of Eating Disorders, 12(1), 34. https://doi.org/10.1186/s40337-024-00992-3
- Haywood, S., Paraskeva, N., & Schneider, J. (2026). Body image, disordered eating, and social media use among children and preadolescents: A scoping review of longitudinal studies. Body Image, 58, 102109. https://doi.org/10.1016/j.bodyim.2026.102109.